martes, 10 de marzo de 2015

Ríete de mí

00:47

"En toda broma siempre hay algo de verdad".
Un comentario que alguien irascible me dijo y me volvió tan irascible como él al humor, en un momento determinado de la vida.

¿Y en qué nos beneficia el humor?

Cuando se habla de ello parece algo innato a nosotros por nuestra cultura, por nuestro código, por nuestra abierta gesticulación y nuestra manera de teatralizar las cosas (en más o menos medida según la provincia en la que estés comiendo).
Pero ¿qué hay de la tristeza bajo el humor, del sarcasmo ante la sinrazón o las deficiencias, del llamado "humor negro? ¿cómo encaja todo esto en un chiste?

Da la impresión de que el humor es común al ser humano, pero más abundante en recursos en ciertos estratos sociales. Es decir, que si tengo que arrastrar al gobierno que me mantiene de los pelos en el aire lo voy a hacer con todo lo que encuentre y la imaginación es lo primero,  por ejemplo. Nada da más alivio a uno mismo que reírse en la cara del estafador sin que el otro se pueda defender o sepa lo que ocurre.

Más o menos lo mismo sucede con el humor hacía sí mismo. Si uno no se ama, no puede amar a otros al completo, se dice. Considero que otro tanto ocurre con el humor: si uno no sabe caerse y reírse, mirarse y ver más dientes que en una película de caballos, ver las utilidades de tener gravedad propia porque se está entrado en carnes o lo absurdo de encabezonarse con algo incoherente afirmando que es cierto "como me llamo...", es que uno no podrá conocer el humor realmente.

Entonces, ¿qué será el humor y de que nos sirve?

Humores, llamaban los médicos a los líquidos del cuerpo que podían ser fluidos o incluso sensaciones desde un punto sanitario actual.
Humor es algo que nos recorre, que nos hace ser humanos, que participa de nuestra existencia, que nos exprime y nos lleva a límites peligrosos y hermosos.
Es tergiversar y ver un realismo mágico; es contar una realidad que es tabú consciente de muchos.
Pero sobretodo es quererse libre, es aclamarse y cantarse. Actuar sin medida y dejar que las sensaciones se nos mezclen y la baba nos caiga en convulsiones.

Es ser feliz y admitir nuestras virtudes y defectos en un micrófono abierto de comunidad.

Y reír.

Feliz día de las risas. Hoy como cualquier otro.

01:08

sábado, 7 de marzo de 2015

Los planetas paralelos

13:34

Ayer mismo me echaba a reír comprobando como el Gobierno de la Ciudad de Valencia había decidido apuntarse un tanto coloreando de otro color ciertos tramos de las lineas de metro, antiguas bifurcaciones, y llamarlas "nuevas líneas". Es decir, es como si cualquiera de nosotros tomáramos el mapa de un tren de metro, pegáramos una pegatina encima y nos adjudicáramos la creación de una nueva linea. Al margen de la practicidad o no de esta operación, se ve que no deja de ser una maniobra chapucera, pre-fiesta regional propia y pre-elecciones municipales. A golpe de papelería cutrona.

Y entonces, caí en la cuenta de la reflexión política de numerosos hogares y en por qué la economía y la política, se convierte en un tema tabú en muchos de ellos o supeditado al poder mayor, en este caso, los padres.

Una familia, no deja de funcionar como un micro-gobierno y la inestabilidad política en él es motivo de secesión y de incomodidad. Pero, aún así ¿no sería preferible escuchar cada opinión individual?

En un sistema como el nuestro y en ciudades como Valencia, las sagas familiares sobre política, futbol y otros, no son nada raras. Todo lo contrario. Con esto no quiero decir que no haya un libre pensamiento, si no que me hace reflexionar a cerca de como el "pater" "mater" en determinados grupos puede influir en sus retoños en ciertas decisiones respectivas a la religión, educación, política...

No considero que estemos en un sistema plano y cerrado donde a los individuos no se les deje pensar en los hogares, simplemente me sorprende la coincidencia, por ejemplo, de que un sistema político como el de Valencia, chapucero, claramente esfatador y descuidado, siga manteniéndose "por tradición". Y así con numerosas otras tradiciones.

Hace un tiempo conocí a una mujer cuyos hijos estaban matriculados en una escuela alternativa, "libre" las llamamos. Libre por permitir desarrollarse al niño y observar quien es, y hacia donde se dirige.
En su familia, una ideología de izquierdas estaba clara, una orientación hacia lo natural y alternativo, también y, sin embargo, su hijo había tomado la decisión de que las meriendas debían estar basadas en productos muy comerciales y capitalizados, y los dibujos televisados dentro del horario del día. Después de un diálogo con él, los padres llegaron a la conclusión de que podrían afectar o influir más o menos en las decisiones del pequeño pero no en su totalidad, y dejaron hacer "su propia política" al pequeño en el domicilio.

Esto, para mi gusto, es un ejemplo de complicidad, de gobierno democrático real, de respecto y de igualdad entre miembros de diferentes edades con diferentes necesidades.

Quien sabe que sistema es mejor o peor. Si es bueno bautizar o no. Si es bueno unos pendientes o no. Si es bueno votar al PP,  al PSOE, a Podemos o a Los Verdes. Quien sabe como influiremos de manera involuntaria en los demás con nuestras palabras, gestos y actos.

Sin embargo, sigo pensando, bajo una real sensación de paz y armonía individual, que el respeto a la opción ajena no debe desaparecer, pase lo que pase. Dejar que el mundo cambie, que las personas y las generaciones evolucionen en su pensamiento y decidan.

Nosotros habitamos este suelo, pero llega un momento en la vida de cada uno en el que se da cuenta de que la mitad le pertenece a él y la otra mitad a quienes están por llegar.

Séneca decía: "para ser feliz hay que vivir en guerra con las propias pasiones y en paz con las de los demás".

13:54 (Uno de menos )

martes, 3 de marzo de 2015

Sin tí contigo de nuevo

18:38

Para comenzar, el título de esta entrada se lo debo a un gran escritor dramaturgo y poeta, llamado Alfonso Vallejo que, en su gran trayectoria profesional, ha conseguido enganchar con sus palabras a mí y a cuantos hayan pasado con atención por sus páginas. En concreto, pertenece a uno de sus libros llamado "Eternamente a cada instante".

Y citando una parte del poema, digo así:

"Ahora que por si no ya desde luego
simplemente una pista
recuerdos de la humedad del sexo
un rastro tuyo más de olor sin
otra fractura más desde luego cuanto
menos
por fin
en medio de tanto caos
sin ti contigo de nuevo."

Hoy comencé el día teniendo una serie de conversaciones con amigas que me hicieron reflexionar sobre los fantasmas pasados y futuros dentro de las relaciones emocionales.
Y lo complejo no es pasar página o remover entre ellas, o recuperarse de sí mismo. Parece que lo más complicado, realmente, es eliminar de nosotros mismos quienes fuimos para otros, quienes somos ahora y porque nada es comparable.

Por mucho que nos cansemos de decirnos y de oír "nunca será lo mismo" o "la situación no es la misma", nuestra experiencia animal, nuestro instinto, lógicamente nos lleva a pensar que algunas piedras son de evitar por el camino porque parecen el mismo canto rodado con el que llevábamos tropezando "X" tiempo, y puede que sea así. Pero lo absurdo comienza cuando no sólo no es así, si no que nos dedicamos a proyectar en multicolor los miedos pasados en momentos presentes y futuros.

Creo firmemente que, en ese momento, tendríamos que dejar a Casper en su mansión y observar cuales son nuestras necesidades actuales y las del otro, y dedicar menos tiempo a poner una careta recortada sobre nuestras nuevas parejas emocionales. Caretas de otros, miedos de otros, cosas propias que no tiene porque vadear nadie por mucho, muchísimo que nos ame y nos respete.

También, de igual modo, darnos cuenta de si una situación o persona nos está agradando por familiar y vivida con otro o de verdad por su esencia, y hasta que punto es o no peligrosa esa asociación de ideas y lo que puede conllevar. Si estamos o no preparados para romper con la estructura de ese castillo de naipes previo, sin pena ni gloria.

Porque cuando todo pasa, cuando uno no siente esa madeja de hilos apretándole la garganta, se convierte en bufanda. Y nos da calor. Y nos reconforta. Y nos deja vivir en libertad.

(Con todo el cariño para todos los que están en ese momento tan complicado. Mucho ánimo y buena energía. Y en concreto a tí, mujer fuerte a la que amo como a mí misma o más.)

18:59

sábado, 28 de febrero de 2015

Con la guerra en los tobillos

13:56

Cuanto más miro blogs de literatura, nuevos escritores e incluso discursos televisivos de cualquier ciudadano o una conversación ligera de bar, más tengo la impresión de que todos somos el "Japón" de nuestro siglo. Nos parece una barbaridad que un pueblo como el de estas islas consiguiera en poco más de 100 años dar un giro de 180 grados a su cultura y se convirtieran en una eficiente potencia tecnológica y económica, pero no nos parece extraño que los jóvenes continúen hablando de Franco, o que una y otra vez se reproduzcan, en las siguientes generaciones, las historias sobre la guerra, las posibles cosas que no se dijeron y sucedieron y los pequeños detalles de la guerra mundial, imposibles de nombrarlos en la época bajo amenaza.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que todo  ocurrió? ¿cuánto tiempo real necesita un pueblo para recomponerse? ¿Nos ha dado tiempo a crecer lo suficiente como para entender el nuevo tipo de sociedad en el que nosotros mismos nos hemos involucrado?

Lo cierto es que me recuerda un poco a aquella persona que entra y sale de una relación a otra sin darse tiempo de respiro y, por lo tanto, sin madurar la situación anterior, sin haberse tomado un tiempo para limar los errores y buscar otra estrategia que aplicar en la siguiente relación.

El proceso actual vendría a ser más o menos el mismo.

Recuerdo cosas, ahora tan inverosímiles, como que cuando era pequeña sólo existían tres canales de televisión, aún rodaba la de blanco y negro por algún lugar de la casa, el Spectrum fue todo un acontecimiento, no existían los móviles, uno hablaba con sus amigos por el teléfono fijo (mientras, probablemente, algún padre o madre que otro cogía el otro teléfono de la casa y espiaba la conversación), los juegos entraban en un disquete, en todas las casas existían unos Juegos reunidos y se jugaba a los juegos de mesa, el telepizza y la comida china a domicilio eran una novedad, el primer internet un sufrimiento, la comida congelada una maravilla importada que facilitaba la vida a las madres (ya que eran las principales cocineras), los portátiles no existían, las pantallas eran bien grandes y siempre se estropeaba el tubo de imagen y la game boy y la nintendo fue la locura entre los jóvenes y no tan jóvenes (ya que hasta entonces lo único que habíamos visto eran tazos, gogos, maquinitas de agua y las de las tiendas de 20 duros de coches, motos o disparos que funcionaban con pilas de botón que se cargaban en el congelador cuando estaban muy acabadas).

Y ahora, desde luego, la realidad es absolutamente diferente. Los niños miran internet, nosotros mirábamos la encarta. La educación  incluye los TIC como algo fundamental para la enseñanza, nosotros ni sabíamos para que iba a servir un pc en las clases. Y así sucesivamente y aplicable a todos los ámbitos.

Y así, del mismo modo que nos hemos ido adaptando a tirones y como hemos podido a las novedades que corrían más que nosotros, hemos ido creando una nueva realidad apurada y a correprisas.

¿Qué nos extraña entonces de que la juventud siga hablando de los procesos de guerra que marcaron traumáticamente a nuestros antepasados? Todo esto, hablando de antepasados como si del neolítico habláramos, cuando en realidad eran nuestros abuelos e incluso tíos o tío abuelos.
A mi parecer, y como ya he comentado anteriormente, hemos dejado de valorar el cuidado de nuestra salud mental en pro del cuidado económico que, por cierto, ha fracasado igualmente.

Antes de juzgar el pasado o el presente, parémonos un segundo a pensar que queremos transmitir al futuro.
Uno se tira toda una vida acudiendo a un psicólogo ante un fuerte trauma o por lo menos una gran temporada intentando jugar con varios medios para curar su baúl emocional y mental, y esto se comprende. Pero se le pide a un pueblo que no haga relaciones lógicas cuando observa la privatización de los servicios que considera básicos o cuando se ve desposeído del futuro que, supuestamente, había de tener.

En lugar de jugar a "2001 Odisea en el espacio", estaría bien poner los pies en la tierra, para variar y cuidar de la herencia histórica.

Porque nuestras pisadas dejan huella, visible o invisible. Y si no que se lo digan a los inspectores de las series americanas.

14:20 (4 de plus)



viernes, 27 de febrero de 2015

El circo del "sol"

14:23

Veamos como está el panorama...

Como resultado de las últimas decisiones del pueblo, tenemos una tasa de políticos que tienden a hacer varias cosas:
-Robar "a destajo" el dinero público para llevar a cabo proyectos personales y/o empresariales que nada tienen que ver con el bien del estado.
-Reírse del pueblo, imponiendo medidas que nunca van a cumplir y saliendo indemnes de la mayor parte de los procesos judiciales en los que se ven implicados.
-Beber y comer de manera gratuita o casi, por todo el territorio español por ser considerados grandes eminencias.
-"Colocar" amigos, familia, personas cuyo soborno ha sido considerable, en puestos de responsabilidad estatal.

Esto sin contar, por supuesto, la bajada del nivel educativo, el "trajín" de prensa rosa político y otra serie de medidas tan divertidas como espeluznantes.

Pertenezco a una generación que, por suerte, aún tiene fe en poder acceder al cambio. Considero que esta fe se ve alimentada por las ansias de crear ese futuro bueno y estable, que nuestros padres querían para nosotros, al haber sufrido toda clase de carencias (en su inmensa mayoría, ya que también los hubo beneficiados como ahora). Pero de esto, ya he escrito en alguna ocasión anterior.

Lo que me llama la atención, verdaderamente, es la incapacidad del pueblo para tener en cuenta su poder ante las situaciones.
¿Por qué si hace años que consideramos que las cosas no van como deberían, el pueblo ha tenido que llegar al límite para reunirse y tomar otro tipo de riendas?
Suceda lo que suceda con las próximas elecciones políticas, al menos se ha abierto un camino al "libre mercado" de la política en nuestro país. Es decir, sea uno de izquierdas, derechas, centro, los verdes... lo que está claro es que nadie que pertenezca a la inmensa mayoría (es decir, la clase media baja), está de acuerdo con las cosas tal y como están y, ante el miedo a que empeoren, prefiere permanecer estático o dar pasos de hormiga hasta llegar a un posible cambio.
Si bien este miedo es totalmente fundado ya que nuestra experiencia nos lleva a pensar que todo está manipulado de antemano, ¿será cierto que tenemos la política que nos merecemos?. Veamos si me explico... Si de base nosotros no tomamos el poder cuando aquellas personas que nos representan dejan de hacerlo, si estamos viendo como el futuro de las próximas generaciones pinta cada vez más gris, como sus esfuerzos son papel mojado, como ideas arcaicas continúan intentando tomar forma de nuevo entre nuestra idea de sociedad, ¿por que no tomar otros caminos de vida alternativos?

Hace tiempo me pareció super interesante la noticia de una moneda de cuño propio que iba a empezar a funcionar en el interior de un  barrio de valencia. Lo cierto es que creo que el proyecto quedo "en agua de borrajas", pero también considero que es una muestra de como hacer viable el salirse de uno de los límites de un sistema cuando uno se siente fuera de lugar en él.
Bajo mi punto de vista, no es sencillo ni viable salir del todo de dicho sistema, ya que todos lo construimos pero, quizá, si que sería hermoso ver como vamos sumando granos de arena para dejar de darle "poder al poder" y reestructurar nuestra visión de lo que la sociedad supone. Somos nosotros. Somos el pueblo.

En palabras de otros: "Puede haber esperanza únicamente para una sociedad la cual actúa como una gran familia, no como muchas separadas" (Anwar Sadat)

14:42 (menos 2)


Al rico eufemismo español

1:00

"Cuando las palabras se quedan cortas para decir todo lo que pienso" entran en juego otras muchas tales como eufemismos. Las dobles conversaciones, el hablar entre líneas, el querer sin querer decir, las técnicas que todos usamos y, en mayor o menor medida, reconocemos.

Quiero aprovechar el espacio de escritura de hoy para nombrar unas cuantas que, siempre, me llaman la atención con una mezcla de amor-odio especial. Allá vamos...
(Para evitar herir sensibilidades, he de recalcar que no en todas las ocasiones que se dice una frase del género se pretende dar el mismo sentido y, en ocasiones, queremos decir lo que queremos decir, sin trasfondos).

Eufemismos político-laborales:

-Paro laboral: sin trascendencia, así para obviar que hablamos de una huelga.
-Fomento de la movilidad exterior: ¿será que hay 2x1 del gobierno en vuelos Ryanair?. No señores, estamos hablando del exilio juvenil o fuga de cerebros.
-Gravamen adicional: que no se si me gusta casi menos que el hecho de que directamente se refieran a la subida del IVA.
-Recargo temporal de solidaridad: por favor, apoyemos todos a la gran O.N.G del gobierno y a su subida de impuestos general.
-Devaluación competitiva de los salarios: no se en que medida que a uno le devalúen el salario puede llegar a ser competitivo en el mercado europeo o nacional, pero allá va esta pedazo de frase para decir bajada de salarios inminente.
-Tique moderador sanitario: o lo que es lo mismo sanidad precaria, despidos y riesgo ciudadano.
-Crecimiento económico negativo: por suerte, y gracias a un coche compartido recientemente, he podido llegar a entender como se gana dinero en evolución negativa en el mercado de divisas, lo único es que, en este caso, el gobierno se olvida de que no somos monedas si no personas. He aquí este pedazo de frase, para decir decrecimiento económico nacional.

Eufemismos sobre las relaciones:

-Este es tu amigo: me encanta la tendencia que tienen las personas de cierta edad o región para llamar "amigo" a aquel pobre que entra por la puerta de tu mano, sin que sea conocido todavía y cuando, evidentemente, es tu pareja.
-Persona de moral ligera: y aquí tenemos, para todos ustedes, la manera políticamente correcta de no aceptar la vida sexual ajena y decir que podría venderse por sexo tranquilamente, a la persona de turno.
-Desviado: bueno, uno se levanta va dirección al Consum, se equivoca de acera y "zas" se vuelve gay (única explicación viable a mi entender para el uso de tal eufemismo).
-Encuentro nocturno: ergo noche de pasión desenfrenada.
-Darse un tiempo: cuando lo que queremos decir es yo necesito espacio para dejar de agobiarme y mirar con perspectiva
-Tortilleras y bolleras: no dudo que algunas mujeres sean excelentes cocineras, aunque supongo que las que se dediquen de verdad a hacer este tipo de oficio, tendrán algunas risas más que aseguradas en su empleo. Lo que queremos decir es lesbiana o mujer homosexual.
-Interrupción voluntaria del embarazo: o aborto, sin más.
-Relaciones impropias: increíble pero cierto. Esto es lo que dicen ciertas personas cuando quieren decir adulterio. Habría que ver como de impropio es todo el asunto.
-Quiero conocerte mejor: esto, todo sea recalcado, si estamos en un bar, fiesta, carnavales, playa... y quien lo dice es un absolutamente desconocido con cara de cubata, suele traducirse por ¿sexo, si o no?.

Eufemismos varios:

-Difícil de ver: creo que es mi expresión favorita escuchada para decir horriblemente feo.
-Le echaré un vistazo (mientras se pone cara de indiferencia): para decir ni siquiera te estaba escuchando y voy a pasar absolutamente de sea lo que sea lo que has dicho.
-¡Qué bien! (con sonrisa grapada y forzada): si a tí te hace ilusión, a mí también.
-Especial: este término puede llegar a significar, depende del contexto que se siente algo por esa persona, que tiene algún tipo de retraso, que es considerablemente feo, que no se le entiende porque hace las cosas.
-¡Sin problemas!: la frase más utilizada en la mayoría de sectores laborales cuando el jefe de uno le ofrece realizar extras y uno está pensando no me queda otra porque necesito el dinero y sonríe.
-Persona de color: considerando que a la mayor parte de las personas que se les dice esto no les sienta ni medio bien, podríamos empezar a decir, sin tabúes negro y mulato.
-Corpulento, entrado en carnes, grande: para decir gordo.
-Sílfide, spaguetti, fina: para decir extremadamente delgado.

Lo bueno de tener una lengua como la nuestra, es la posibilidad de jugar con el gran saco de sinónimos que, junto a nuestro propio carácter burlón sobre la vida, hacen que podamos disfrutar de perlas como las anteriores. Y digo perlas por no decir tremendas frases y/o burradas.

1:35 (plus 4)

martes, 24 de febrero de 2015

Gesticúlame otra vez

00:20

Desde una etapa muy temprana, el ser humano se distingue de los animales en pocas pero muy diferenciadas cosas: la falta de independencia en un largo periodo, la distinción de los colores, la sexualidad temprana... 
Pero lo que me parece más fascinante, es la interpretación de los estímulos y el uso de ello en beneficio propio.

En un momento en el que aún no tenemos desarrollada la capacidad (casi o sin casi) de hablar, tenemos más tiempo de observar y somos capaces de dilucidar como saltarnos las normas y encontrar el punto ciego donde la cámara de la tienda no me ve. "Darse cuenta de", no parece un proceso exclusivamente humano y, a base de repetición y esfuerzo, muchos seres vivos pueden conseguir resultados tremendos y llenos de lógica pero, sin embargo, saber que se puede obtener algo de los demás con una sonrisa, tirando algo o un ruido, es algo que aprendemos desde que somos tamaño guisante.

Seguramente, un cigoto desarrolle la sonrisa a su hermano gemelo de bolsa o sonría al cordón umbilical, (según la interpretación médica de las ecografías) por una gesticulación heredada genéticamente pero, al salir, aprende su uso e influencia. Como ocurre con la inmensa mayoría de nuestro elenco no verbal.

Por eso creo que es muy importante tener en cuenta el cuidado con el que se dicen  o tratan las situaciones cerca de un pequeño ser, y darle las señales correctas de la "compraventa" de actitudes, ventajas y desventajas, que se obtienen a través de un gesto u otro.
Y respetar quienes somos, como somos y dejar aprender. Entendiendo realmente que significa esto último.

Y podremos llamarlo enseñar.

00:41

domingo, 22 de febrero de 2015

Tú, tú mismo y tú.

01:15

Contenido de la entrada.
Nosotros mismos en nosotros mismos.
¿Quiénes somos en realidad?

Hace poco, compartía café con un amigo y las diferentes ideas sobre el acercamiento y/o rechazo a otras personas, situaciones, nuevos conocimientos y experiencias.
Magnetismo, espiritismo, ideas asiáticas ancestrales, cristiandad, ideas deíticas... todo bajo diferentes prismas personales de cada uno de los integrantes del diálogo.
Pero, ¿qué ocurriría si, además de tomar en cuenta las elucubraciones propias, tomamos en cuenta quién somos en base a otros?

Bajo mi punto de vista, nuestros movimientos sociales como tribu sedentaria y masificada, pasan por un principal factor de riesgo y estudio: la conexión social. Si sólo tenemos en cuenta las acciones aisladas de cada indivíduo ¿no acabaríamos todos encarcelados en base al criterio de alguien?
Supongo que por ello hemos destinado a ciertas personas "imparciales" cuyo durísimo trabajo consiste en tratar de dar un poco de luz a la cueva humana y los llamamos "jueces". Y, de cualquier modo, me sabe a poco.

La idea principal de hoy, es tener en cuenta quién somos pero "en base a quién", es decir, una "bellísima persona" puede ser quien desprecie a otros en situaciones o personas con las que no conecte o no entren en su escala de valores. Y lo que a ojos de uno es intachable, a ojos de otro es inconcebible.

¿Dónde está entonces lo bello de ser tan aleatorios? En nuestra amplitud, nuestro camaleonismo inconsciente dentro de nuestro intervalo de actuación en base a quien somos (bajo nuestra opinión), en nuestra versatilidad por dejarnos llevar por la intuición más tribal en algunas ocasiones sin mirar atrás.

Y entender que "nadie es tan tan bueno, ni tan tan malo".
Y está en nuestras manos elegir lo cerca que queremos estar de nuestros otros "yo", y los de otros.

Yo, yo mismo y yo.

01:35

sábado, 21 de febrero de 2015

La clave del destino

02:03

No quería reconocerlo pero cada mañana le costaba más levantarse y sugerirse a sí mismo que tenía sentido.
Siempre había sido una persona positiva en su tribu, la alegría y esperanza de muchos y el consuelo de otros. Pero ahora, le hubiera gustado recibir sus propios consejos.
Sabía que la vida era un mero trámite para un lugar mejor y, sin embargo, no podía quitarse de la cabeza la idea de que el destino jugaba una mala partida con él.

Si bien, sabía que todo lo que ocurría era "porque había de suceder", no comprendía porque era tan injusta la lluvia con la hierba, el frío con los animales y el hombre consigo mismo.
¿Por qué eran recompensados algunos de aquellos que peor se comportaban a nivel humano, y otros eran castigados sin dañar ni a una mota de polvo en una estantería?
El destino sabrá la respuesta.

Así que cogió todos sus aperos, su mochila y se encaminó al viaje hacia el templo de destino para hacerle unas cuantas preguntas.

Nada más llegar y después de un largo trayecto, supo que había encontrado el punto justo porque un intenso olor a nada se desprendía de aquel edificio inmóvil y lleno de pintadas, pero era allí, donde durante generaciones y generaciones, antepasadas y presentes, habían ido todos los seres humanos a pedir consejo al oráculo moderno.

-"Querido destino, tú que lo reinas todo, tú que entiendes hacia donde vamos y venimos, tú que sabes qué ocurrirá y qué ocurrió, ¿por qué los la mala suerte persigue a unos pocos en pro de otros?"

Por toda respuesta, la nada seguía rumoreando un intenso silencio oscuro.

-"Pero destino ¿ni siquiera quieres hablar conmigo cuando si lo hiciste con algunos?"


Estuvo allí durante más de tres horas, mirando, observando, sacando figuras del ajado gotelé de unas paredes que, de una manera indecentemente inútil, seguían sin proporcionarle ninguna respuesta: ni válida, ni inválida, nula.
Entonces decidió salir de allí y volver, cabizbajo y sin ningún aliento, por donde había llegado.
Destino no existía, y el camino debía hacerlo él, sólo, de ida y de vuelta a su hogar, de izquierda a derecha del mapa, de aquel lugar escondido y putrefacto al calor de lo amado.

Y entonces lo comprendió todo. Alzó la vista al cielo y sonrió.

02:22 (2 de menos)

jueves, 19 de febrero de 2015

Se rompió. (en boca de otros)

12:48

-"Si bueno es vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar" dijo el viejo mientras limpiaba las legañas dela noche aún pegadas.
-"De tí depende y de mí que entre los dos siga siendo ayer, hoy por la mañana", dijo ella con la cara cansada por la tristeza.
-"Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, y que nunca te olvidaré"
-"Cuando pensamos que el día de mañana nunca llegará, ya se ha convertido en el ayer", replicó molesta.

Así que se levantó, cogió su vestido del suelo donde había pasado la noche de "la última cena" y se despidió con la mirada pensando " Siempre has sido lo más caro de mi corazón, mi posesión, mi obsesión; por eso tenías que morir prematuramente". Y cerró la puerta tras de sí, como si nada hubiera pasado jamás.

Lento, desgastado, con la sábana blanca sobre las piernas aún más lívidas, él se miro el sexo aún desnudo, se levantó y se dispuso a tomar un café liberador junto a la ventana para gusto y escándalo de todos los vecinos.

"Creo que los seres humanos hacemos muchas cosas, no porque somos inteligentes, sino porque tenemos pulgares, y así podemos hacer el café.", pensó. Y al mismo tiempo, su otro yo le decía "el hombre es libre, tiene que ser libre. Su primera virtud, su gran hermosura, su gran amor, es la libertad".

Estaba confuso, feliz y contento... ¿sería lo correcto comenzar una vida sin ella?.
Encendió el televisor e intentó aliviar su mente poniéndola en blanco con cualquier programa de media tarde de esos que no merecen la pena nada más que verlos en tanto que uno duerme o sueña con estar en cualquier otro lugar, haciendo cualquier otra cosa porque "la televisión es goma de mascar para los otros".

Una y otra vez le iban y le venían las ganas de llamarla, de decirle que todo había sido un error. Pero "de hombres es equivocarse; de locos persistir en el error" y, lo peor de todo "echarle la culpa de tus errores a tu naturaleza no cambia la naturaleza de tus errores" y aunque "para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad, para él es la soledad infinita".

Y así, decidió terminar el café, y comenzar otra vida nueva.

Porque "buscamos la felicidad pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una" y "el secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere sino en querer siempre lo que se hace"

Y sonrió.

13:12 (más 4 de regalo)



martes, 17 de febrero de 2015

Oda fotográfica.

23:39


"¡Tishk!"

Tan sólo vi un destello y ya me parecía un arte extraño y desafiante el de querer plasmarnos en aquella lámina.

La semana anterior, un recién estrenado en la ciencia de la "fotografía" como la llamaban, nos convocó a mi familia y a mí a una reunión con más honorables para ser retratados, inmortalmente y para la posteridad. Sin embargo, desde el comienzo, hubo algo que me inquietó en la consecuencia posterior que podía tener tal imagen real en un futuro posterior.

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-Si hubiera sabido que íbamos allí hubiera cogido más película, tesoro.

Me miró con una mueca entre extraña y aburrida y dijo: "carpe diem, tesoro, carpe diem".

Pertenecemos a un momento histórico, o así me lo parece... ¿cuándo otros han dicho lo que pensaban? Y es más, ¿cuándo lo han imaginado y plasmado para que otros lo vean?
Mientras comíamos en el campo, retozábamos pensando los grandes proyectos que depararía un futuro lejano.

Estaba tan orgulloso del trabajo que supondría todo aquello que ni si quiera escuchaba las voces a mi al rededor.

-¡Mike ven! Aquí aquí.

Sentí como temblaban mis piernas, como se cuajaba mi respiración sobre los poros y el iris se volvía negro carburante, negro cargamento.

Al fin tenía la posibilidad de plasmar algo con vida, con sangre, con arterias, ansiado de reclamar su sitio en los libros de la educación escolar.

-No, tesoro, no ,lo hagas...

Demasiado tarde. Para ellos y para mí.

Los días se fueron de tres en tres, la sangre no dejaba de correr. Las guerras daban paso a más "ostias". Y así, Janis,  murió nuestro sueño de libertad, que vengaré con mi cámara.

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-¿Quién estaría dispuesto a...?

Al segundo, cientos de personas se avalanzaron sobre la directora del "reallity" para intentar persuadirla de que eran los predilectos.

Parecía mentira que toda aquella gente hubiera estudiado una titulación superior para recoger las migajas de un sistema roto y confuso.

-'¿Quién quiere ser cámara?'

El presentador lanzó la pregunta como si todos y cada uno de los integrantes del estudio no  supieran lo manipulada que estaba toda la situación y, aún así, generaba la audiencia suficiente para mantener sus sueldos, por lo que debían estar harto agradecidos.
-"Somos las putas del cine", decían.
Pero realmente no eran conscientes de, hasta que punto, debían de vender su alma al diablo televisivo ante la imposibilidad de otro trabajo "en lo suyo"

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Un artículo de facebook hace poco  decía: "que Dios bendiga a los artistas porque de ellos es el trabajo en los bares".

Leí las noticias mientras los tornillos de mi cuello chirriaban entre sí. Quizá este cuerpo metálico está a punto de oxidarse.

Tomaré la necrológica fotografía antes de que muera en su absoluto.

Y que, a través de ella, otros reparen sus errores.

"¡Tishk!"

Tan sólo vi un destello y ya me parecía un arte extraño y desafiante el de querer plasmarnos en aquella lámina.

00:02 (3 in più)




lunes, 16 de febrero de 2015

El fin de la raza metálica

01:37

Sabía que en otra vida habíamos sido muchos, y caminaban eternamente nuestros cuellos persiguiendo las idas y venidas de un brillo que nunca se apagaba, como un día de luz eterno. Libres, sin ataduras.

Cada día nos alimentábamos con el oxígeno y las pequeñas partículas de sales que nos dejaban absorber en nuestros "despachos" reticulares, supuestamente repletos de los hummus de las mejores calidades y, aunque no fuese así y pisáramos henna empobrecida, no nos quedaba otra: el gasto de oxígeno que tendríamos que hacer para huir a la distancia necesaria, nos causaría la muerte.

Cuentan las leyendas que un día cooperábamos de algún modo con los humanos aunque dentro de la misma sociedad caníbal, pero de una manera controlada. Mis abuelos decían que nuestra familia siempre ha tenido un alto poder social y nunca eran roídos por completo y a los humanos tan sólo les interesaba robar un poco de su semen y comerlo en algún tipo de ritual tan asqueroso como ruidoso. Y aún así, tenemos que dar gracias que no pertenecemos a ningún pueblo cercano, más aromático, más "sabroso" como decían, que acababa metido en aquellos recipientes metálicos donde los veíamos babear y calentar a algunos de nuestros más cercanos.

Durante generaciones y generaciones, los humanos fueron especializándose, pero nosotros también. Y así fue como surgió el primero de nuestros antepasados quien, escapando de sus propias raíces, dio el primer paso hacia otra vida. Y comenzamos a caminar.

Por ahora, no podemos hacer demasiado: nos desplazamos ligeramente, trabajamos en sus fábricas, movemos algunas de sus viviendas. Sin embargo, muy pronto, daremos a conocer nuestro verdadero poder.

Después de invadirnos, masacrar muchas de nuestras especies, arrebatarnos la libertad, han comenzado a alardear de que controlan la luz de nuestra estrella. Que le habían dado un "precio" como así llaman al valor que tiene para ellos las cosas que no deberían tenerlo.
¿Cómo el sol que broncea a todas nuestras especies puede medirse en metal fundido? ¿Cómo puede alguien apoderarse de lo que no es capaz de abarcar ni entender?

Es la hora de demostrar nuestro verdadero poder. La hora de obligarles a ser hermanos o perecer en el intento. Gaia está preparando las armas. Empieza la lucha por nuestro dios Sol.

02:02 (4 de plus)




domingo, 15 de febrero de 2015

La cultura del esfuerzo

00:57

La promesa de este blog, el círculo al rededor de él, estaba estrechado en torno a escribir "21 minutos al día", cada día, y no romper las reglas del juego. Pero, entonces, un día fui incapaz de organizarme (tanto a nivel cansancio, como a nivel emocional) para poder hacerlo. ¿Y qué es lo ocurrido? Nada. Nada aparente, a excepción de un vacío de líneas, en una carretera marcada.

Por una parte, es un absurdo: si yo misma he marcado las reglas, yo misma puedo romperlas. Y sin embargo, nada más emitir esa misma frase en alto, ha perdido y ganado el sentido al mismo tiempo.

¿Por qué habríamos de obligarnos a hacer cosas, en un principio realizadas por placer y sin ninguna repercusión vital ante su falta, cuando no deseamos hacerlo?

Probablemente por nada.

No ocurre absolutamente nada.

La hierba sigue variando su color, los gatos maullando en el tejado de la casa cercana cada mañana, seguiré roncando cada noche el tabaco que quede en mis pulmones (recientemente desintoxicados) y el frío o el calor seguirá agobiando o dando una placentera sensación a alguien en algún punto del planeta.

Y aún así, me he sentido toscamente culpable por incumplir algo que había programado yo desde un principio.

Así, que he comenzado a pensar en la famosa "cultura del esfuerzo".

Considero una realidad que calculamos una victoria en base al esfuerzo que nos ha costado obtenerla. Y es comprensible: satisfacemos nuestro  ego, nuestra autoestima y nos empujamos a crecer y a continuar.
Pero, como todo, puede tener una gran desventaja. Una que es la que nos crea esa falta de "cuartelillo" para con nosotros mismos y nuestra responsabilidad ante nuestras acciones. Y es que parece que, en muchas ocasiones, si no sentimos esa presión, esa culpabilidad, no movemos un dedo.

Esto me parece bastante preocupante. Es decir, no se trata sólo de que hayamos sido educados en mayor o menor medida bajo sistemas de premio y castigo que hayan fomentado esa "cultura del  esfuerzo" tan nombrada, en concreto, por los medios políticos y de comunicación (como justificación del gobierno ante una serie de medidas anticrisis excesivas), si no que no sabemos tomarnos el tiempo de decir "ahora es razonable que cumpla este objetivo o ahora es razonable descansar y meditar para poder obtenerlo de otro modo".

Crearse metas, llevarlas a cabo, me parece digno y justo. Pero no podemos estar permanentemente con el látigo al cuello, con la sensación de que seremos nada de no arrastrar las piedras a la pirámide cada día.

Todo esto, evidentemente no lo había pensado en el momento en el que me sentía horriblemente mal por faltar un día a mi propia promesa de escribir, pero si soy consciente de que, cada día, seguiré haciéndolo mientras tenga la fuerza de ello

¿Qué gran importancia tiene que un día, muerta de sueño y cansancio, no lo haya hecho? ¿Qué gran importancia tiene que una madre o padre un día no se sienta con fuerzas de poder llevar la casa?
¿Qué importancia real tiene que uno no desee ir cada día a trabajar o no tenga ganas de comerse el mundo cada mañana?

No pretendo decir que fomentar el "pasotismo" o la vagancia sea la fórmula para conseguir nada, pero si nos invito a una pequeña reflexión a cerca de nuestra manera de interiorizar la producción industrial y nuestra maquinización.

Que nuestra autoestima dependa de nuestras acciones, todas, tanto "laboralmente óptimas" como "nulamente conseguidas", y de su compendio, nuestra satisfacción.

01:19 (2'de más)

sábado, 14 de febrero de 2015

Shh...duerme.

04:30

Dormía, y soñaba que escribía mientras escuchaba alguna voz que me decía "te duermes"
Soñaba con la realidad, con la vista puesta en cualquier lugar que, por fantástico, era real.

Dormía pensando que el calor de una hoguera amamantaba el cuerpo gélido y palidecido, en una especie de glaciación para la que no estábamos preparados.
Notaba el tacto suave de la lana del montón de esquilado cercano y amoldaba mi cuerpo a la parte que se hundía en la tierra, en una tierra virgen que soportaba el cuerpo.

Pensé que podía volar y abrí la puerta del granero para escapar, con la capa sobre la cabeza, cogida por el tacto de unas manos invisibles que me alzaban y me bajaban, mientras yo, suspendida en el aire, intentaba hacer crecer la fuerza de los tornados con  una melena, aún incipiente.

Sentía, dormida, la sed de la última cerveza, que provocaba ríos necesitados y febriles a lo largo de toda la raíz circulatoria y de los poros.
Me convertí en pez que buscaba su estanque, boqueando hasta alcanzar una fuente cálida y extensa bañada por el mismo calor de la hoguera, casi como una caldera natural de líquido tibio y relajante.

Dormía, y la conciencia se fue a pasear cerca de la intuición y algo parecido al destino, mostrando imágenes confusas en un televisor descolorido e invisible al borde de las retinas oculares de dos amantes dormidos.

Cogí la mano y abrí los ojos.

Las sábanas revueltas daban fe de una odisea aún no escrita.

Y seguí durmiendo. Y seguí viviendo. Que la noche está hecha para viajar. Y los sueños, para ser soñados.

04:51

jueves, 12 de febrero de 2015

Oremos

02:03

Una mañana despertó y lo vió. 
Tan pronto como latía el impulso cuando se aproximaba, se helaba la sangre en las huellas dactilares, se sentía volar, se alejaba de sí.

Sintió que el lugar no era suyo, que la idea no era la misma, que las comidas, repetitivas y regulares, no tenían el mismo sabor.

Calmó su sed bebiendo del pecho de la primera mujer que llamó a las puertas de su miembro, dejó de avariciar la vida ajena y devoró un plato de patatas a lo pobre para varias personas, bebió vino hasta desmayar en un cine X, en su última sesión, donde dio rienda suelta a su imaginación hasta la última consecuencia. Durmió en casa de unos desconocidos y desayunó con azúcar y una luz libre de horarios.

Entonces se planteó que había deseado hacer y, ahora que cada uno de esos deseos estaba representado por una experiencia, que habría de esperar de las horas.
Se recuerda a sí mismo a punto de pecar horriblemente por el ansia viva de conocimiento, del que sólo proporcionan la piel, la parte animal de nuestro esquema humano.

Y así, revivió una y otra vez aquellos momentos cuando hubo de retornar a su casa, con la compañía de sus hermanos. Y supo que nunca albergaría intenciones fuera de lugar, y que no tenía nada que temer porque, ahora sí, era un hermano, un igual con la humanidad.
Y cada humano, pasa por igual luto.

In nomine Patris. Amen.

02:20 (menos 3 min)

miércoles, 11 de febrero de 2015

Tan reloj y tan poco tiempo

02:50

Lo relativo del tiempo.
Por qué sesenta segundos pueden tener valores tan diferentes.

Se me ocurren, por suerte, varios momentos, mínimos instantes, en que el valor de un segundo trascendía a mås de una hora, a días, incluso a la parálisis más absoluta de la esfera temporal. Y en ellos, desaparece nuestra concepción de todo.

Somos carne, sangre, vísceras e ideas, pero también somos tiempo.
Minuteros que trazamos para cuadrar las calles de nuestra actividad. El muro que vemos desde el desayuno al siguiente, y lo saltamos rebeldes y con gusto, de cuando en cuando.

Hace poco, tuve la suerte de entrar en contacto con personas cuyo "defecto" era un tipo de dislexia: la espacio-temporal. En ella, los indivíduos pierden la noción absoluta del valor del tiempo, y podrían estar horas mirando al gotelé, creyendo haber estado un micro-momento, y viceversa.
Así, a vote pronto, parece una gran desventaja y, sin embargo, me parece fascinante la capacidad innata de estas personas para no adaptarse a un patrón primitivo. ¿Y si son la evolución hacia una especie menos preocupada por las reglas? ¿Y si tienen el don de la abstracción mås absoluta y entran en contacto con sus "yo" paralelos?

O quizá simplemente, la genetica nos observa de cuando en cuando y se da el respiro pertinente a tantos años de esfuerzo adaptativo a los entornos no naturales que vamos creåndonos para vivir.

Sea como sea, valoremos los pequeños instantes y las largas horas "perdidas",  porque de ellos, sea en un reloj o en una mente distraída, dependerá nuestra vida.
E incluso lo que se sabrá de nosotros.

En otro tiempo futuro.

3:11

martes, 10 de febrero de 2015

El misterio de la perla roja

00:09

Revolviendo entre algunos de los papeles de la casa, comencé a acumular un gran número de objetos sin relación alguna, todos guardados en el mismo lugar. Y me extrañé.

Hace tiempo, tenía por costumbre dejarlo todo en cualquier lugar, pendiente de la orden de un duendecillo cualquiera al que le sobrara tiempo libre para reorganizar mis pilas de diógenes pero, hoy por hoy, prefería saber donde estaba todo y por qué.
Así, en medio de esta labor, acabé por echar en falta algo que hacía años que no veía, ni había tenido relevancia ninguna en los últimos "quiensabecuantos" años: la perla roja.

Recuerdo que la encontré hace ya demasiado tiempo y era mi cosa preferida. Era pequeña, manejable, misteriosa, portátil y sólo yo conocía el secreto de llevarla encima, lo cual le añadía un valor misterioso que me hacía sentir fuerte y segura de mí.
Jugaba horas y horas a darle forma, a rodarla, a hacerla desaparecer y reaparecer, a acariciar mi cuerpo con ella, a darle vida, a pintarla y despintarla, a simplemente observarla.
Escribí mil historias con ella de protagonista, con su balanceo y su cadencia, con su mínima presencia como vengadora de un sin fin de situaciones.

Pero poco a poco fui creciendo, comencé a acumular otros objetos que creía indispensables para vivir. Intenté combinarlos con ella, llevarla junto al dinero en mi monedero, dormir con ella en las sábanas (aunque siempre saliera rodando a cualquier lado), jugar con ella mientras pasaban las horas de cansancio por trenes matutinos hasta llegar al trabajo, y, al final, sentí miedo de perderla y la guardé en un rincón.

Tan pronto como lo hice recuerdo sentirme fuerte, grande, canosa y madurada. Era como despegarse de una droga que le hacía ver a uno como un chiquillo (¿qué adulto juega con bolitas a su edad?). Fijé mis metas diarias en otras cosas: leía el periódico en el tren, caminaba con el "ipad", veía las noticias en casa, pensaba en los gastos de la luz, el agua y otros del hogar, y así un sin fin de cosas que, de manera evidente, hacían de mi vida la de "un adulto modelo". La única pega es que algo no terminaba de cuadrar.

Y eso me llevó a buscar. Así que un día, sin motivo aparente, en medio de la vida  "que debía tener", me levanté de la cama y me puse a revolver por cajones y cajones sin saber si quiera que estaba buscando, hasta que la encontré: la perla, mi querida perla.

Sentí que la vida volvía en mí, sentí que las horas de proceso hasta entender que era necesaria su presencia no habían sido en balde, sentí que ahora no había ningún temor a reconocer que somos niños, adultos, viejos, bebes, que nadie sabe como ser nada, que todos improvisamos, que por muchas reglas que construyamos no hacemos si no esbozar una y otra vez una realidad que queremos hacer "norma" para no perdernos en nuestro propio razonamiento.

Y allí te encontré libertad, allí te volví a tener entre mis manos. Y, entonces, comprendí que la vida es demasiado corta para vivirla sin tí; demasiado corta para perder la imaginación.

00:30



lunes, 9 de febrero de 2015

Caos

23:07

El crepúsculo, la cúspide, el abside de un momento personalizado.
Las pequeñas cosas, quizå las grandes. La manera de perpetuar la cima de la cuesta.

Cuando uno estå en la montaña rusa, sólo quiere bajar (y hay quien disfruta); cuando uno termina la montaña, uno quiere volver a subir.

Vestirse de calle para verse un día de traje; vestirse de traje para disfrutar de llevarlo.

Cuidarse la línea para atracar el azúcar a dedo húmedo; comer azúcar como último día ante el primero de la dieta.

Caminar sin hablar como símbolo de la realidad interna; vomitar realidades como símbolo de uno mismo.

Ser quien somos porque somos quienes "semos"; darnos cuenta de que es una fatochada y ya somos de cualquier lugar.

Abrir los ojos porque mentimos; abrir los párpados porque la luz imposibilita la visión.

Caminar porque la gasolina está cara; andar porque el cuerpo reflexiona en el camino.

Tomar café para despejar las neuronas; cafetear para despotricar y neutralizar las neuronas.

Comer para aplacar el hambre; crear un ritual social cuyo no fin es comer.

Escribir como medio de comunicación; medio caerse por la calle (blogger en mano) para tratar de dar coherencia a un montón de hilos inconexos.

Y respirar. Y expirar.

23:27 (moins 1)

domingo, 8 de febrero de 2015

Reciclaje familiar

01:38

Si  de pequeño a uno le decían "dibuja a tu familia", lo más probable es que apareciera (de manera más o menos torpe), el esbozo de un tipo alto y de hombros rectos llamado "Papá", una señora que daba la mano o sonreía, o estaba al lado del anterior individuo, llamada "Mamá" y, con suerte, todo tipo de otros seres tales como hermanitos, perros, gatos, pájaros tíos...

Sin embargo, cuando uno crece, aprende que los modelos de familia son muchos y que lo que nos han hecho definir como familia representa otros grupos o contextos sociales más acordes con la realidad de nuestro hogar ordinario.

Es cierto que existen una cantidad bastante valorable (por suerte), de personas cuya idea de familia corresponden con su cubículo diario y sus integrantes, pero no es la tónica habitual, ni mucho menos.

Aún con todo, merece la pena dedicar un aplauso a aquellos entornos que consiguen recrear un entorno sano durante tantos años de la vida de alguien, sobretodo considerando que ahora salir de casa de los padres es una idea cogida con pinzas y estimable para los aventureros.

Pero, a lo que iba, ¿qué ocurre en muchas ocasiones de adulto con la gestión de los sentimientos?
Me explico... a la hora de continuar en el día a día, es normal apoyarnos en otros como personas e intentar avanzar o conseguirlo, pero en muchas de esas ocasiones conocemos personas que perdurarán a lo largo de nuestra vida, y cambian de valor en nuestra escala sentimental. Personas cuyo apoyo es indispensable, cuya libertad para sí y para uno, es símbolo de respeto y amor, cuya presencia es motivo de alegría o de conversación. Con quien te puedes divertir o aburrir sin pensar y "sin necesidad de". Que darían parte de sí por uno y viceversa.
¿Qué son estas personas si no familia para uno?

No nos han educado para entender que la linea no sanguínea es real, y es fuerte. (Aunque si nos han enseñado que el príncipe o princesa azul, aunque venga de su casa y su familia, es parte de la nuestra desde el momento que  se manifiesta).
Como decía antes, para suerte de muchos la línea de sangre coincide con personas con las que uno tiene una amistad, y una comprension real. Pero para los que no es así, es tremenda la sensación de calidez, de honestidad, de reconocimiento, de sonrisas que se generan cuando uno está en el ambiente adecuado y con las personas correctas.

De este modo, uno va construyendo ladrillo a ladrillo su fuerte, su familia, su ideal social, el futuro, las grandes mesas, los tremendos arroces, con aquellos que elige y no que le han sido predeterminados.

Y los llama familia.

Y los quiere como a sí mismo.

Porque una persona puede ser familia en función de ser alguien realmente cercano, ser amigo, y no sólo por la posición que ocupa en el sofá de la sala de estar.

Y es amor. Y es real.

2:02 (plus)

viernes, 6 de febrero de 2015

Paracetamol natural

03:51

Cuando éramos niños, podíamos jugar con la naturaleza de manera inconsciente y sin darnos cuenta de la trayectoria y resistencia estoica que había llevado a todo el mundo verde a ser como era. Ahora que somos pequeños grandes o adultos, o personas crecidas, nos hemos olvidado de contar aros y levantar "costras due árbol".

Creemos que nuestra única relación con el reino vivo de este planeta, es meramente animal pero, ¿qué ocurriría si descubrimos que tenemos mucho en común con los vegetales?
Si bien, contando los anillos de un árbol sólo podemos saber su edad y poco más, si que se observa en ellos, si ha tenido más o menos agua, más o menos nutrientes, más o menos vida, en definitiva. ¿No es lo mismo que nuestro cuerpo y sus marcas externas e internas?

A lo que venía rodeando hoy, es a la idea de cuerpo como programa complejo lleno de visicitudes y similar(por motivos de adaptación) con todo ser vivo real. ¿Y qué nos une a todos?  Un virus.

Nuestro cuerpo, sin nuestro permiso, tiene la asombrosa capacidad de sintomatizar y generar motivos de preocupación, a nivel físico, de cosas psicológicas, por ejemplo.

Cuando tratamos de hacernos fuertes o débiles ante una situación determinada, nos aparecen "señas" que evitamos ver: catarros, cicatrices, infecciones, dolores estomacales.
No pretendo decir esto con el fin de que nuestros días se conviertan en una caza de brujas y a cada paso que nos ocurra algo de excepcional en la salud le busquemos un hilo psicológico, pero sí que pensemos en que muchos motivos pueden participar perfectamente, y no sólo el frío, el calor, la lluvia o la gripe.
Además de nuestra intuición, hemos desarrollado todo un extenso sentido programado de manera ancestral, en la que nuestro cuerpo frena en base a como nuestra psique necesita hacerlo frenar o necesita hacerlo avanzar.

Parar un momento, cerrar los ojos y escuchar nuestra música interior.

Nunca estamos en silencio.

Si la partitura se rompe, fallan las patas de la guitarra y se tuercen las teclas, será hora del cambio, de reiniciar, de reinventarse. Detrás de las heridas que se ven, hay todo un imperio de marcas que no se dejan ver ni lo harán y, es ahí, donde debemos tratar de cambiar.

Sintonizarnos  y volver a sanar.

04:11

jueves, 5 de febrero de 2015

En ocasiones veo Estados

02:31

"Es como si estuviera enganchado, como si no pudiera crujirlo, pero a ver si lo voy a crujir y va  a hacer crack y no lo voy a poder mover, y ya verás tú"

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-¡Papá, papá!
-¿Qué ocurre?
-¡Hay monstruos debajo de la cama?

Todavía recuerdo con cierto cariño la cantidad de horas invertidas en pensar en los seres imaginarios que me aterrorizaban cuando levantaba el bajo de la colcha, por otro lado horrible y tétrica, de la antigua casa de pueblo de nuestra familia.

Esta vez, como casi todos los años, habíamos ido a pasar el final del verano en compañía de cuatro personas mayores que quedaban en el pueblo: el panadero, el carnicero, el del kiosko y el del bar. Todos familia, y todos con pinta de naftalina de armario, pero apolillados a más no poder para un cosmopolita como yo.

Cuando ya fui consciente de mi realidad, entendí que los Reyes Magos, eran pobres funcionarios (y con suerte), que el ratoncito Pérez rezaba por no tener que ponerme aparato, que las hadas tenían pinta de ADSL y que las noticias no me convencían del todo, empecé a guardar la punta de mis zapatillas bajo la cama, aunque siempre con el lado más visible y protegido hacia afuera.

Quería entender el proceso, pero algo irracional en mí me retenía en contra de quien era o como era, y lo único que podía hacer era colocar día tras día las zapatillas en la misma posición, esperando que el miedo no se las comiera. Porque podía aceptar que los seres inventados fueran cuentos, pero el miedo era real. Como la ilusión. O la risa.

Las zapatillas dieron paso a pequeñas miradas distraídas. Tomando cuenta de la cantidad de años que pasaron entre uno y otro momento, parece que podían haber vivido unas cinco generaciones de hamster caseros hasta que dí con el valor para mirar. Había visto tantas películas a cerca de lo que encontraría cuando mirara, que casi me decepcionó encontrar una pelusa primitiva (probablemente con vida propia) y un trozo de regaliz de hace tiempo.
Tenía la sensación de que quería más. Es decir, no quería que pasara algo más pero necesitaba que fuera así.
Mientras analizaba mi sensación de adrenalina, abrí y cerré varias veces los ojos con el miedo y la esperanza de que todo cambiara, de ver al monstruo, de sentir su aliento.
Me sentí kamikaze en el ring, esperando que me mirara pálido y dijera: "ha llegado la hora. Sí, tú lo sabías, pero el momento no sólo no llegaba, si no que cada vez me sentía más del montón con mi sensaciones únicas e irrepetibles.

Entonces, para mi suerte o desgracia, seguí creciendo más y más, hasta casi tocar el techo de la casa de Alicia. Y entonces, noté la necesidad de equipararme a otros en esas sensaciones, perder el sentido de mi miedo, compartirlo, ridiculizarlo. Invité a varios amigos a pasar la noche en casa y, entre pizzas y cervezas, miraba sin dejarlo escapar cada tanto debajo del mueble para ver si mi miedo seguía ahí. 
Y entonces me di cuenta de que tenía tamaño pulga. Pequeño, sí. Peligroso por escurridizo, también. Pero ya no ocupaba un espacio entero, era más como una porción de sí mismo, como parte de una fracción de terror mayor que, en presencia de muchos, había decidido dividirse para sobrevivir.

Y seguí y seguí....

Un día, me enfrenté a tí. Y entendí todo lo que había pasado y por qué. Sentí helárseme la sangre. El apoyo de quienes habían estado a mi lado, cerca. Las noches en vela gélidas, de ojos pasmosos que miraban una y otra vez en cualquier dirección, como un gimnasio de este preciso instante y espacio. 

Y me miraste, y enviaste a uno de los tuyos a identificarme y pronunciar esas palabras...

-Oiga... ¿qué va a votar?

Entonces todo comprendí. Me quedé seco de repente.

Al llegar a casa llamé a la primera empresa de colchones que me apareció en "Google", y le pedí un canapé macizo, sin huecos, sin miedos, sin estructuras. E inicié la revolución.

Nunca más temí a los fantasmas, porque no son reales. Porque no representan nada.

02:55 (mas cuatro...para compensar.)

miércoles, 4 de febrero de 2015

Hexagrama humano

3:15

La linea transparente. La que hace que terminemos en un lugar o en otro. Bajo la sombra de un pino o de un sauce. Bajo una relación u otra.

A veces jugamos con la idea de "los mismos puntos de locura" para definir porque varios individuos se reúnen y comparten algo, como si la "locura" dejara de ser algo peyorativo para ser algo deseable y divertido, jugando al poker con nuestra manera de conectar.

La línea divisoria que separa tomar una decisión de otra, encaminarse en una vida u otra, poner un pié delante de otro o caer resbalando en un charco en una calle.
La casualidad como razón incomprensible que puede ser el motivo real del que penda nuestra cabeza. O somos peones en un juego titánico. O poniendo una ramita de hierba cerca del hogar se atrae según que deseables riquezas.
Todo ayudas más o menos sensatas (depende del ojo del que mire), para dar explicación al hilo conductor de finísimo acetato que conecta a situaciones con individuos sin que ni estos mismos tengan tiempo de reaccionar. Es como una marioneta con mecanismo libre, atada a hilos que se atoran en diferentes esquinas de su propio escenario, pero que nadie las maneja y son sólo puntos de vida luchando por organizar sus cuerdas de la mejor manera que es es posible, sin saber aún de cuantos hilos se compone su existencia.

La delgada linea incolora que separa lo bueno de lo malo y para quien. El ser en contacto a otros. Donde se divide que es ser "bueno" o "malo" y con respecto a que criterio.

La ínfima línea de la edad, que divide a los seres en "grandes personas" (adultos) y "pequeñas personas" (niños), que tratan de difuminar o acrecentar la barrera que existe y los separa aunque ni siquiera puedan llegar a tocarla.

La anoréxica línea de las ondas, que separa un tono de voz de otro, un susurro de una palabra, una habladuría de un comentario válido, una  cadencia de una montaña pianística, una caricia de las olas bravas de Portugal.

La inexistente línea de todos, la que nos dice si tenemos frío o calor, si nos humedecemos o nos secamos, si nos alteramos o nos calmamos, si tenemos miedo o somos valientes.

Las líneas que marcan un cuaderno, interno, único y global.

Que a veces escribimos con buena letra y en otras, deberíamos volver a los "rubio".  Y, pese a todo, intentar escribir un bonito texto entre todos.

3:32 (deuda de 4)

martes, 3 de febrero de 2015

Declaración extranjera

00:38

SUJETO A: "Salía  de una tienda y me fui a comprar un kilo de alcachofas cuando la vi pasar. Llamaba la atención por su estética y por la manera de caminar. Parecía que iba huyendo de algo. Paso a mi lado, medio choco con mi carrito de la compra y pude oír un ligero "discúlpeme", y no se que me resultó más extraño si las prisas que llevaba o que hablara de usted alguien tan joven como ella"

SUJETO B: "Recuerdo que el café del bar donde me suelo sentar estaba asqueroso... ya podían haber limpiado un poco más algo... o la taza o el manguito aquel... ¡puag! pero lo que más asco me dio fue ver a la chica esa cruzar corriendo en medio de la calle, que casi se come a una chavala por ahí y pisar una mierda, mire... tamaño vaca irlandesa. ¡Qué gentuza!"

SUJETO C: "Pues pensé que estaban de joda cuando me dijeron que testificara ¿sabés? ¿tenés idea de lo complicado que es que alguien quiera escucharte estos días? ¡ah sí, lo del accidente! Para mí que la mina estaría medio en algo chungo por la manera de salir corriendo como alma que lleva el diablo, pero parecía copada. Me sonrió ¿sabes? Una sonrisa es bien importante hoy en día"

SUJETO D: "Mire yo sólo se que vi al coche de delante hacer malabares con el volante porque un coche de policía estaba parando a todos para hacer cualquier historia de control de estos que vienen haciendo porque, claro, que vienen las fallas, que vamos a recaudar y así nos tienen. Pero ver lo que es ver, tampoco mucho. Al coche aquel dar el frenazo y a la chica quedarse pegada al suelo como si fuera un gato de escayola. Paraica."

SUJETO E: "Mire, yo tengo una ansiedad. Yo lo siento, lo siento de verdad, lo único que pretendía era encontrar aparcamiento, cuando se me cruzó esta chica, ahí a lo loco. ¡Ay, ay! Dígame que se encuentra bien. Que yo lo único que pude hacer es terminar de aparcar, porque, ya sabe lo jodido que está por aquí y luego salir pitando. Pero ya habían llegado ustedes....¡ay, ay, ay!

SUJETO F: "Mira compi, para mí que la chica andaba en algo raro, porque la vi embalá, comiéndose un coche, luego se queda parada como si estuviera alelá y para cuando la voy a ayudar me dice que no que gracias que ya está bien y se va haciendo cosas raras con la pierna. Igual se había metido algo... Con las pintas que llevaba"

-En base a esto, ¿qué tiene que declarar?
-¿Yo? ¡Nada de nada!
-¿Cómo?
-Que nada de nada.
-Pero chavala que no puedes ir así por la calle, montar un accidente, ir corriendo, tener comportamientos extraños y no tener nada que decir.
-Mire, para empezar, tenía un hambre de muerte y medio despistada me choqué con aquella señora, que tenía una bolsa  bastante llena y, discúlpeme, pero me dio vergüenza chocarme con ella mientras le miraba la comida babeando. Después voy a cruzar la calle y vi a un policía que había parado a un chico con pinta de ecuatoriano y el chaval miraba como loco a todos lados. Entonces me pare a mirarme la zapatilla que tenía desabrochada y vi un NIE por ahí tirado y me dije "tate, esto va a ser de este pobre", y cuando voy a salir corriendo en el paso de cebra, me sale la chica esa que, por cierto, siguió a la suya, me da un golpe y listo. Bueno listo no, no se cuando pero había pisado la caquita del perro de un tipo que estaba sentado en la terraza tomando algo, porque siempre le deja cagar a sus anchas, y me fui limpiándome por el camino"
-¿Y por qué no quería decir nada de nada?
-Porque no se que me parece más sorprendente, que todas esas personas hayan sido interrogadas, que yo esté aquí, lo más probable por mis "pintas", que el tipo ese nunca recoja su suciedad o que la señora del coche aparentemente no tiene ninguna sanción o que nadie se diera cuenta de que estaban metiendo a un chico en una camioneta de la policía como si fuera un delincuente y sin dejarle explicarse.
-¿Ecuatoriano? Uhm... me suena. Creo que es un sin papeles que se ha deportado oficialmente a su país.
-Sin papeles no, porque yo los tenía. Y mientras yo intentaba decírselo, ustedes me dieron un diacepan, porque estaba muy nerviosa, me cachearon y me trajeron a la policía a declarar.
-Jum. Supongo que una lástima.
-Será eso, una lástima.
-Ya puede marcharse.

(Basado en hechos irreales perfectamente reales, como homenaje a una persona cercana que fue "teletransportada a su país" sin motivos.)

1:00 (1 de plus)

lunes, 2 de febrero de 2015

La piel que vistes

00:49

Lo llamaron Rock Psicodélico, y marcó toda una década musical y social. Y se fue como otras épocas. Y sin embargo, generaciones que no hemos ni llegado a ver vivos a muchos de sus integrantes tenemos en nuestras manos, más de una vez y más de dos, una letra que nos revuelve la sangre en los dedos y nos deja tragar con calma.

Detrás de esta música, como en tantas ocasiones, hay un movimiento social y de liberación impresionante.
Las drogas, el contacto con la naturaleza, la lejanía con el cambio industrial, el intimismo. Alejar de sí el terror de decir o hacer lo que uno considera justo o deseable.

Y en gran medida, dejarse llevar por el placer sexual y experimental con el mismo sexo, el grupal, la libertad del cuerpo, del bello, del conocimiento humano hasta verse tal y como es. Desnudo.

El terrible problema de mirar atrás en el tiempo, es ver lo que se ha ganado y lo que se ha perdido.
¿Cuál es el motivo de que una persona en topless en una playa cualquiera sea deseable si es joven pero sea algo a evitar y a criticar si es una persona anciana? (Dicho esto, todo este claro, por gente bastante joven de varias décadas diferentes, no de la época de la pobre persona en cuestión)
Se comprende que ver a una mujer u hombre joven desnudo sea algo apetecible desde el punto de vista erótico sexual, pero la inmensa mayoría de las personas que conozco que practican topless tratan de evitar, es más, que se les mire fijamente a sus atributos porque no es la idea de ese momento de contacto con el sol.

Cosas como esta, son las que hacen reflexionar sobre si hemos puesto el pié en el freno, metido la marcha atrás y llevado el coche a la cuneta de los 40.

Tan bello es vivir la desnudez, como disfrutar de una buena comida.
Tan válida una mujer que no desea llevar sostén, como un hombre que va sin ropa interior. Y no creo que sea ni más ni menos guarro. Simplemente es una persona que, estéticamente o por salud, no necesita esos complementos.

De las experiencias más hermosas que he tenido la suerte de vivir, fue la de ver a un grupo de gente (me incluyo), observando conciertos en una sala mientras el presentador nos invitaba a la desnudez de una manera natural y nada controvertida. Y poco a poco, padres, madres, hijos, abuelos, quien más quien menos, quitaba en su totalidad las prendas de su cuerpo o alguna que otra. Y en todo esto, había un gracioso señor bastante "viejo" que no cesaba de golpear sus testículos, sin querer, con la esquina de la mesa cada vez que se levantaba para cualquier cosa. Y entre risas pasó la noche.

Admiro a personas como los bicinudistas en Valencia, que tienen el valor de manifestarse por el derecho a ser originales, únicos, irrepetibles, defectuosos y sobretodo, piel y desnudez.

Y no es necesario fumarse un porro para cambiar todas estas cosas, ni ponerse flores en el pelo, ni vivir en una furgoneta rodante, sólo hace falta mirarse al espejo de los otros y con sus ojos.

Porque PinkFloyd y Joplin, siguen sonando.

01:12 (plus tres)




domingo, 1 de febrero de 2015

Cámbiame el windows, por favor.

04:09

¿Qué ocurriría si tuviéramos la oportunidad de reiniciar?

Demasiadas personas, en demasiadas ocasiones, se dicen a sí mismos que de hacer nacido de nuevo harían las cosas de otro modo, pero ¿hasta que punto es una reflexión real?
Pienso que quizá esto responde a no sentirse cómodo con uno mismo y con quien es, pero ¿si uno no conoce de sí nada más que él mismo, cómo estar seguro de que ser otra persona se le iba a dar mejor o peor?

Pertenecemos a unas generaciones que entraron en una dinámica de usar y tirar, de estropeado es fuera, de lento es cambio. Si tenemos una vieja estufa, no la arreglamos, la tiramos y compramos una nueva. Si tenemos un montón de folios medio ajados por en medio, no los reutilizamos, los tiramos. Si tenemos un teléfono cambiamos toda su configuración y hasta su sistema operativo. Si tenemos una pareja y no está bien meditado el estar juntos, fuera y a otra cosa.
Y, aunque sea una manera de hacer que parece que va cambiando, hemos vivido mucho tiempo con esta sensación como para decir que estamos fuera de ese círculo de pañuelo manchado.

Esto tiene una ventaja ineludible: el poder elegir y no verse encasillado en tener o ser algo que no queremos. Pero, ¿entonces por qué ese sentimiento de no querer ser nosotros mismos?

Quizá responda a que, en nuestro afán por entender lo que tenemos o hacemos como si la tienda de "chinos" fuera a abastecer todas nuestras necesidades totales, hemos olvidado que hay cosas que han de ser cuidadas y reparadas. Y entre esas cosas, estamos nosotros.

Es impresionante que para poder conseguir cosas materiales invirtamos una gran parte del tiempo y esfuerzo que deberíamos dedicar a cuestionarnos qué nos ocurre y qué debemos hacer para cambiar la insatisfacción. O no tengamos minutos para darnos una palmadita en la espalda, sentir que lo hacemos bien y reflexionar sobre ello.

Si pudiéramos reiniciarnos con otra "rom", sin duda creo que habrían inventado la manera de hacerlo (la película "olvídate de mí" se queda cerca de la idea).

Puede ser que aceptarnos y relajarnos sea la mejor solución.

Y recuperar esa costumbre de volver a llegar a la cama y analizar con calma el día antes de cerrar los ojos y dormir profundamente.

04:28 (el cansancio ganó a los minutos)

sábado, 31 de enero de 2015

Futurismo tatuado

00:19

Una de las sensaciones más recurridas en el cine, en las últimas décadas, es la de la falsedad de la existencia humana.
Finales como "todo ha sido un sueño", "déjà vu", o incluso que el protagonista de turno reconozca por varias señales que no vive en una realidad tal y como la conoce (tales como el Show de Truman o aquella con Swarzeneger y los clones).

Me pregunto a que viene tanto escepticismo ante la única realidad que conocemos y sabemos como verdad. ¿Será por eso que el ser humano continuamente duda de sí mismo (por suerte o podríamos seguir tirando a algunos por el filo del mundo plano) y eso le hace avanzar o retroceder?

Me pregunto si realmente nada nos cuadra de una manera interna. Es decir, como creo que ya escribí en una entrada anterior: si una persona que sólo ha vivido tristezas, se siente triste, ¿qué es lo que le mueve a tal sentimiento si siempre ha vivido bajo los mismos márgenes y los ha aceptado como único real?
Me pregunto si es por eso que las religiones, una tras otras, tratan de explicar el miedo horrible que sentimos a la muerte, pero en la inmensa mayoría de ellas, imaginan otro mundo no reconocible por nuestros sentidos actuales, en el que se perpetúa lo que llamamos "espíritu" y de ese modo no desaparecemos. Otro mundo que no conocemos, pero que consideran cierto.

Quien sabe si el ser humano, habiendo perdido toda posibilidad de instinto  animal primario (excepto en casos de extrema necesidad), ha desarrollado a modo de Japón en cien años, una superpotencia imaginativa para poder salir de nosotros mismos, de nuestra realidad y mantener la cabeza ante todo lo que aún, como especie, no estamos preparados para entender.
Quien sabe si somos el producto de un 1984 no tan ficticio, y nuestra confusión es lo que nos lleva a no preguntar más de la cuenta y continuar luchando por motivos más o menos interesantes para el individuo.

O igual nos estamos divirtiendo, dejando señales dentro de una caja enterrada bajo un árbol, con un montón de teorías sobre la existencia, para que la desentierren futuros humanos y nos investiguen de manera tan burlona como lo hacemos destripando las teorías ancestrales sobre lo que vemos y sentimos.

Y bajo todo, una sola condición, y algo indiscutible: sea la tierra poliforme o tamaño folio, hayan seres extraterrestres que nos investigan o estemos aislados en la inmensidad hasta donde la conocemos, sea que somos los parásitos de una historia creada por nosotros y quizá solo somos el "the sims" de unas entidades que juguetean a su antojo con la app de moda "The Earth", lo único que podemos dar como real como verdadero y tangible es vivir.

De ahí, quiero creer, la importancia del respeto a cada individuo. Porque no sabemos nada, y en cualquier momento el juego puede acabar.

O reiniciarse.

00:40




viernes, 30 de enero de 2015

Mensaje en una botella


01:23

Así como empiezan muchos cuentos: érase una vez una vez una historia en la que todos comían perdices.

Érase una vez, un futuro, en el que todos podíamos ejercer nuestro derecho de estudio, trabajo casa (ojo, se intentó con los 30 m2 de "casa").
Érase una vez, un pasado en el que se nos inculcó el orgullo de ser las generaciones que albergáramos las esperanzas de los que se habían sentido frustrados no muchos años más atrás, por un régimen dictatorial, y en los recuerdos acoplados de muchos resuena la frase: "me hubiera encantado en tu día".

Quizá parezca un párrafo de lo más desalentador, pero todo lo contrario.

Tampoco voy a hacer una propaganda a Podemos ni a ningún partido político o no (lo de mencionar algo como política, lo dejo para el momento en el que la representación del pueblo real sea lo que actúe como tal en el poder de manera corroborada).
Lo que trato de imaginar, es una teoría física básica: si durante un tiempo incontrolado introducimos gases inflamables en una botella y le ponemos un tapón, quizá quede cerrado. Pero si progresivamente le damos fuego a la botella por fuera, y de manera prolongada, quizá al principio no muestre ningún cambio pero, en cuanto lo haga y se vean fisuras en su superficie, comenzará a dar pequeñas muestras explosivas, si el gas interior tuvo la suerte de salir corriendo del homenaje fallero, o ser partícipe de una explosión aún mayor, si  no hay más tutía.

A donde quiero llegar es a esa sensación. Y de vaciar. De reiniciar y de no necesitar el tapón.

Érase una vez la historia de una botella que viajaba con un mensaje dentro, y se llenaba y se vaciaba, y el mensaje se empapaba y se secaba. Pero no le hacía falta tapón, no tenía porque esconder nada, porque reprimirse, porque ahogar ganas de reír, llorar o ser.

Hay personas que, por suerte, nos enseñan que la botella no está ni medio vacía, ni medio llena, simplemente está. Y cada cual con sus líquidos y sus vacíos. Pero cada vez abundan menos, cada vez son más los que se emborrachan en bar ajeno y dejan la nota interior manchada de escupitajos, que la marea siguiente habrá de limpiar.

Hay días en que, como en el cuento de Alicia, la botella se vuelve pequeña, y en otras ocasiones, grande. Y tiene propiedades mágicas: puede salir un genio, hacerte volar y cumplir tus sueños. Y, cuando miras al fondo de la botella, puede que sólo veas un espejo (y o estabas soñando o dándole a los psicotrópicos) y te veas reflejado.

Puede que tu botella seas tú, tu mensaje pirata, tu naufrago en el mar. Y el pirata que la lanza.

Bébete y léete. Y encuentra la X en los mapas perdidos.

01:44

jueves, 29 de enero de 2015

Llámate Meiga

00:58

La intuición. La prostituta de las intenciones intencionadas del hombre.
El futuro punki de los anquilosados en una realidad no tan deseable.
La enfermedad que nos recorre hasta hacernos plantearnos "¿qué ocurre?"

Probemos por cuantos años queremos callar nuestro sentido del magnetismo, de rodearnos de cuanto vemos y conectar con el espacio-tiempo. ¿Cuántas personas conocemos que a los muchos años (no por edad si no por el grado de vejez que sienten en sí) dicen: me encantaría haber sido, haber hecho, haber intentado... o todo lo contrario, o en contra de?

Es como comprar un reloj sumergible y no meterlo al agua por miedo a que se rompa. Somos células permeables con lo que constituye nuestro entorno, simplemente por formar parte  del mismo inicio científico  o creerlo así ("creer es poder", dicen algunos), y sirva para lo que sirva, el  caso es que podemos  sentir si algo conecta o no conecta.

Y si no conecta ¿cuánto se ha de esperar?. Si la razón entra en conflicto continuo con la intuición y no con el corazón ¿podría venir un dibujante a meterlo entre unas viñetas para darle algún tipo de secuencia futura o un desenlace?

Si la intuición es una parte de nosotros desarrollable, tal como el cálculo matemático, la sintaxis, la comprensión verbal y no verbal, el sarcasmo, la imagen, ¿por qué no estudiar sobre su desarrollo para fines positivos?

Uno sabe cuando lucha contra lo que no debe, pese a que lo haga por motivos muy dignos o mucho menos dignos (allá va la teoría de los puntos de vista) y, sin embargo, seguimos dándonos cuenta de que algo no va bien o algo, contra todo pronóstico, va muy bien.

Si nunca has sentido la felicidad verdadera, pero sabes que te falta algo cuando no la sientes y sí la reconoces en el resto de individuos cercanos (cámbiese felicidad por X a elegir por cada cual) ¿sabes lo que ocurre? que se siente una gran tristeza o una gran X por lo que no conocemos, al menos de modo consciente, pero nuestra intuición dice que está ahí.

La búsqueda puede ser algo agotador, pero merece la pena dormir con tranquilidad.



Sit vis nobiscum. (Que la fuerza te acompañe)

01:15 ( y 4 minutos de reflexión silenciosa)


miércoles, 28 de enero de 2015

Y todo tan LLeno de Nada

00:17

Cuando uno no lo sabe pero en la nada está el todo. Cuando no saber en que pensar significa pensar. Cuando la mente se abre lo suficiente para acallar a la pequeña o gran espiral de pensamientos inconexos con el  vórtice en los nervios.

Porque, en ocasiones, no hacer nada es hacerlo todo. Tomar el tiempo de no dar vueltas a los minutos, y dejarlos pasar, imitando a cualquier objeto que coge polvo en una mesita de una manera "inertemente" complicada, porque la física nos dice que está en continua fuerza con su entorno, y con el universo. Como nosotros.

Perderse en ningún lugar. Abstraerse de la película para ver el reflejo de dos miradas en el brillo de la pantalla.

Olvidar que se está escuchando y ser conscientes, por un momento de nuestra respiración como algo maravilloso completamente olvidado y "despensado".

Darse cuenta de que la historia también la escriben los silencios, de que la música no existe sin espacios en ausencia, tal y como lo bueno no existe sin lo malo, el color sin la falta de él.
Volver al estado primigenio de inconsciencia y dejarse llevar hasta el provocado mareo, que asociamos con nuestra lenta respiración no habituada, en lugar de dejarnos pensar que estábamos en otro lugar, en uno que también nos pertenece. El de la nada, el de dejarse llevar.

Salir de sí y entrar en sí, o en otros. Y dejarse volar. Dejarse reír sin motivo, dejarse saltar sin pensar en la cama arrugada, dejarse comer sin pensar en la estética, dejarse tumbar sin necesidad de sentirse culpable por no hacer.

Nuestro hábito y nuestra ley de la rapidez ciudadana nos ha llevado a pensar que el tiempo no aprovechado es aquel que se pasa sin "enriquecerse" a nivel educativo o bajo cualquier tipo de acción o hobby. Y la culpabilidad no nos deja tomarnos tiempo.

No nos deja recuperarnos tras relaciones de cualquier ámbito, no nos deja llorarnos, reírnos. En palabras de un buen amigo: "disfruta la tristeza, así como lo haces con la alegría, ya que sólo así vas a entender quien eres. Porque todo eso eres tú".
Y así, disfruta el silencio y la nada, y el "perderlo", como lo haces con el "ganarlo".

Una melodía maravillosa. Gracias por no escuchar.

00:37 (hoy tocan -1)

martes, 27 de enero de 2015

Cuéntame un cuento de oro

23:57

En un lugar recóndito, lleno de arena hasta donde la longitud de los brazos de mil hombres alcanzará, se alzaba en la antigüedad una gran ciudad árabe cuyo nombre se perdió con el viento que movía las dunas.
El reino era próspero y lleno de riquezas y como tal, había unos cuantos muy ricos  y unos muchos muy pobres. Y el equilibrio se sostenía como lo ha hecho desde el principio de los tiempos de la mercadería.

Estaba un hombre paseando por esta hermosa ciudad, colmada de colores, bellos palacios y grandes paseos, cuando  miró a su bolsillo vacío apenado pensó: "de seguir así un día más, tendré que roer la pintura de esos altos muros para poder sobrevivir, ¡cómo seré de pobre que ni turbante tengo ni puedo hacer por no rasgar mis últimas ropas para tal fin!".

Y estaba en estas, sintiéndose derrotado, cuando un hombre vestido de bien se le acercó y le dijo:
-Buen hombre, estaba observándole y me gustaría ofrecerle una de las dos pertenencias más importantes para mí, y que llevo en este instante: mi turbante o mi bolsa con unas pocas monedas de oro. No tema, es un ofrecimiento sincero. Sólo ha de tomar una decisión.
-¡Gracias oh Alá! - repetía el pobre hombre - pero, ¿cómo haré para resolver tan difícil problema? Si eligiera el turbante ¿no quedaría igualmente en la pobreza aunque reservado de este difícil sol?
-Pues elija usted el dinero, y vaya a comprar un turbante con él, hay las justas monedas para que pueda hacerlo- dijo el otro.
-Pero si así lo hiciera, no quedaría pobre como al principio pero con un turbante, como en la otra opción. Cierto que sería nuevo pero mi prioridad sería comer...
-¿Entonces, que decidirá? Elija, que el tiempo apremia.

El hombre pobre tomo un minuto para sí, miró su cuerpo, su alrededor y de pronto dijo:

-Esta bien, decido quedarme con el turbante.

El hombre rico le miró anonadado y le dijo:

-¿Por qué lo ha hecho, no sería mejor coger el dinero y comprar algo que llevarse al gaznate?

-Mire señor, si cogiera su dinero quizá podría comer hoy, quizá tendría un día más de satisfacción en mi lengua y algo menos de vacío en mi estómago. Pero si cogiera el turbante, me aseguraría de no tener más calor, de no morir por lo que el humano no puede controlar como es el sol que nos manda nuestro dios. Si hace falta, comeré el musgo de los muros. El dinero va y viene, pero sol solo existe uno.

Y así el pobre continuó sus días bajo el sol demoledor, rodeado de arena, buscando comida entre miles de lugares, pero usó su turbante bajo el sol como sombrilla, bajo las estrellas como capa, bajo la arena como pañuelo, y bajo su memoria como la mejor de las elecciones que jamás se supo hacer.

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(Sin herir sensibilidades, que cada cual extraiga su sentido)

00:18

lunes, 26 de enero de 2015

Nos llega la corbata al cuello

00:06

Antes que nada, me siento conforme con escribir a las 00:06 ya que responde a una teoría por la que vengo luchando desde que era bien pequeña al no entender el sentido de las horas: el día comienza cuando uno se levanta y termina cuando uno se duerme.
Es evidente que para poder coordinarnos todos a nivel social ha sido importante delimitar las horas en un cuadradito de tiempo u otro pero, como decía ayer, humanos somos y todo lo inventamos y, en la república independiente de mi hogar (gracias Ikea por el anuncio vírico) cada uno lleva las horas conforme a su libertad.

Y de libertades anda el tema.

Será porque más a menudo de lo que me gustaría andamos todos con el tema de conseguir o no empleo entre manos, o porque casi cada día nos cruzamos con miles de personas que llevan un disfraz u otro, pero tengo la impresión de estar rodeada de un gran teatro constante con unos cuantos coordinadores de atrezzo muy eficientes.

Minuto número 1 de una entrevista laboral: escaner al tipo de ropa que lleva el individuo que toca, ya que eso será el 60% de la entrevista (de ahí lo de "dime como vistes y te diré quien eres")
Minuto número 2 de los niños saliendo de una escuela de corte privado o semi-concertado: adiós corbatas, babis, gomas de pelo molestas, y la era de la libertad de las medias medio caídas da comienzo.
Minuto número 3 de los adultos saliendo de la inmensa mayoría de sus trabajos: llegada a casa, abrir el armario, ponerse ropa "real" y salir a la calle. (Menos los que directamente atacan al cajón del pijama).

Y comienzo a pensar... ¿será que la realidad que vivimos cuando estamos trabajando (la escuela es un trabajo, sin duda) tiene que relacionarse, por fuerza, con ser otro "yo"?
¿Qué ocurriría si cada uno de nosotros se presentara a una entrevista laboral "au naturel"?

Veamos, comprendo la utilidad y la necesidad del uso de ciertos uniformes, ya sea porque distingan empleos ligados con la sociedad o porque evitan que la persona sufra algún tipo de daño. Medio puedo comprender la necesidad de corporativizar a un empleado dentro de un establecimiento para que los compradores o visitantes tengan una referencia a la hora de buscar información (siempre y cuando no se convierta en algo excesivo porque, de verdad, que hay pobres dependientas que parecen árboles de navidad; y lo de la peineta de los Cienmontaditos es para darle quehacer a Almodovar). Pero no termino de entender, en trabajos que no requieran cara al público, ni pertenezcan a una empresa que quiera dar una imagen determinada, ni a la hora de hacer una primera toma de contacto qué utilidad real tiene el disfrazarse.

Y sí, hablo de disfrazarse porque no deja de ser vestirse de algo que no somos para conseguir suplantar una actitud, personaje, etc.
¿No sería más útil para las empresas eliminar este protocolo arcaico y entender que, cuanto antes conozcan al empleado antes saben si es apto para continuar en el puesto?
¿No sería una gran ventaja para todas aquellas personas que pierden seguridad ante momentos como ese o inclusive en sus puestos de empleo?
¿Se perdería la gracia de ser uno mismo al margen del trabajo, o bien naturalizaríamos la situación, dejaríamos de verlo como "algo mejor o peor en lo que invertir horas para ganar dinero" y nos sentiríamos más cómodos con nuestra labor?
¿Por qué educarnos desde la infancia a someternos a una voluntad social tan absurda como poco práctica, para conseguir objetivos determinados?

Si le damos la vuelta varias veces a la tortilla, veremos que hasta la desnudez tiene un cierto tipo de ámbitos y sanciones: dormir con ropa o no (depende de lo que vayamos a hacer), llevar o no ropa interior, y hasta acudir a un espacio público como nuestras señoras madres nos dieron a luz.
Es decir, escándalo público es considerado que un ser humano decida desnudarse en un espacio considerado "público" (aunque cada vez quedan menos), o que uno se tumbe a disfrutar en plena naturaleza del sol en sus pieles; pero escándalo público no es vestirse de quien no somos para conseguir fines determinados en un escenario social, ya sea educación, trabajo o lugar de fiesta puntual.

En plena era de lo "eco", lo "bio" y lo natural, quizá podamos mirarnos un poco y entrar en la época de lo "yo verdadero". Y seguramente, nos encontraríamos a nosotros mismos con más facilidad.

00:28 (ups)





domingo, 25 de enero de 2015

Hormonas somos y en humanos nos convertiremos.

23:05

A lo largo de los siglos, parece que el ser humano se pasa más tiempo del que quizá debería en muchas ocasiones, intentando adivinar porqué se enamora o porqué de uno y no otro individuo.
Personalmente, me parece bastante cómico leer obras de teatro antiguas donde el enamoramiento era poco más que una enfermedad que se apoderaba del rico de turno (porque los pobres eran demasiado animales para sentir algo noblemente relatable allá por el medievo, claro) y le hacía padecer en cama durante días y días. Además, graciosamente estos personajes responden a un prototipo de enamorado que, si más de un "super-hombre" masculino de estos que aún quedan lo viera ahora, se tiraría de la primera torreta que encontrara.
De igual modo, de lo que me gustaría escribir, es de las vueltas y vueltas que generacionalmente se le ha dado al tremendo asunto del padecer emocional, hasta llegar a "Gataka", donde aparece un sabio científico en su bata del siglo XX-XXI, y dice: "el amor es sólo la manera hormonal que tiene la especie de perpetuarse y asegurarse su supervivencia por atracción".

Veamos, por una parte se comprende la necesidad de darle una explicación científica a lo que se relaciona al ser humano como ser biológico, pero no olvidemos que durante mucho tiempo las teorías no dejan de ser si no tales, hasta que salen de un laboratorio y se les pone un sello de aprobado.
Por otra parte, los mismos científicos, reconocen las virtudes de muchas otras teorías (tales como cultivar el espíritu personal, la autoestima o la risa), para dar explicación a las subidas y bajadas en nuestras propias constantes vitales y enfermedades.

No trato de esconder detrás de todo esto un discurso espiritual, enfocado a sentirme rodeada entre cojines de Hello Kitty (lo que sería bastante traumático) y pretender que el enamorarnos surge de un flechazo, un niño en pañales que dispara corazones, un designio divino... Nada de eso. Trato de generar una reflexión acerca de  por qué cada cual considera que se siente o se ha sentido enamorado.

Ahora hagamos una cosa. Sentémonos ahora mismo un minuto (cuidado los que estén por la calle leyendo esto), cerremos los ojos y pensemos en lo que nos ha hecho involucrarnos sentimentalmente.

En las tribus indígenas, se especula con la idea del hombre poderoso, es decir, la idea de que históricamente, las mujeres llevan impresa en su adn la información que determina quien puede ser un máximo exponente, y por tanto llevar su material genético adelante. Y así surgió el amor.
Para algunas filosofías orientales, responde a la necesidad de reconectar con nuestro plano espiritual a través de la interconexión individual entre indivíduos, ya sea en pareja o en grupo, teniendo que ver el sexo o no en todo el proceso.
Para muchas sociedades, responde al cariño que surge del roce de un matrimonio concertado del que no queda otra que resignarse y aceptar y, en muchos casos, de la convivencia y el conocimiento aparece el amor.
Y parece que para  la mayor parte del occidente actual, responde a una baticao de fábulas, sensaciones místicas, intereses, orgasmos o llegar a un sentimiento de felicidad constante vinculada a otro.

Entonces, ¿cómo todas estas diferentes versiones pueden deberse única y exclusivamente a un proceso hormonal redirigido por el instinto de supervivencia? Sobretodo si tenemos en cuenta que nos pasamos la vida, a través de conflictos y guerras, intentando lograr todo lo contrario.
¿Y qué ocurre con los homosexuales y transexuales dentro de toda esa teoría hormonada?

Así que, y como consideración objetiva, cada cual conecte con sus intenciones, su ser más animal o más espiritual y crea que el amor y la elección de su pareja, tenga que ver con el proceso o combinación de varios, que más le levante la sonrisa.

Que las teorías son teorías y, al fin y al cabo, todo lo que hacemos es creación del ser humano, y como tal, inventado por nosotros.

23:26

sábado, 24 de enero de 2015

Impotente, de apellido.

17:50

Y uno se levanta cada mañana, como si nada hubiera pasado.

Los días tienden a trascurrir entre minutos buenos y agradables, y otros no tan azucarados, pero el fin (o más bien el principio) de cada uno de todos esos días suele ser el mismo: ya fue. Sí, ya fue, ya pasó, haciendo alegoría de la plácida frase que muchos solíamos escuchar de pequeños "mañana será otro día". Para lo bueno y para lo malo.

Viendo el documental "Ciutat morta", gracias a que mi compañero de vida me enseña estas instructivas cosas y me ayuda a reflexionar,  me he quedado con una sensación de vacío, de globo que explota dentro de la escayola y deja la marca de la batalla dentro. Y es que no sólo se trata de un documental basado en hechos reales, cercanos (Barcelona en concreto) y que pudieran sucedernos a todos, en cualquier momento en el que topáramos con la injusticia "legal" (eso si ya no lo hemos hecho), si no que es un fragmento representativo de una realidad más que evidente que ha crecido de manera virulenta en lo que llamamos nuestra sociedad: la pérdida del sentido humano.

¿Qué sentido tiene llamar sociedad a un grupo de personas que comparten un espacio pero no se sienten vinculadas de una manera realmente sensitiva ni empática entre sí?
Supongo que el mismo que llamar Iglesia a un edificio cuando, inicialmente, describía al grupo de personas que se reunían para disfrutar de su fe en comunidad. Y tergiversando de este modo las cosas, continuamos construyendo nuestras relaciones sociales.

Y la realidad no es que me haya parecido que este documental sólo tenga que ver con llegar a la fibra sensible de nuestro parecer acerca de la policía, los jueces y la ley urbana, si no que es un grito ahogado, un "basta ya" al comportamiento inhumano que sólo puede ser producto de un humano.

Esto es algo que no responde a grandes casos como el contado de manera impactante en el docu, si no a nuestro día a día más próximo.

¿Cuántos de vosotros aceptáis, por miedo al despido, los constantes vapuleos en vuestros puestos de trabajo sin poder demostrar en modo alguno un delito por "bullying"? ¿cuántos habéis sufrido, en modo más o menos traumático, el acoso verbal o físico de otro ser humano desde que os llega la razón en vuestra memoria hasta hoy? ¿cuánto estamos dispuestos a ceder de aquello que nos hace ser seres para ser... exactamente qué?

Pero al final, admitimos que la vida es así. Que la diferencia entre cazadores y recolectores, existe desde la prehistoria. Que las luchas son necesarias para la regulación de la especie. Que cualquier otra versión que queramos tolerar para alejar la realidad de nosotros.

Me gustaría pensar que cada uno tenemos un reclamo personal, un silbato que impulsamos con lo que nos queda de aliento sanguíneo para chillarle a la irracionalidad que no tiene ningún poder en nuestros actos. Pero cada día se me hace más cierta la frase "ni todos somos tan buenos, ni tan malos", y bajo esta premisa, me veo (y como a mí, a otros), justificando actos delictivos no por ser legalmente dañinos si no por ser un atentado contra la raza humana como individuo social. Y nos veo diciendo "tendrá sus motivos", "estará pasando por un mal momento", "quizá está descargando su ira, pobre".

En palabras del padre de una vieja amiga: "si lo que quieres es cuidar de deficientes mentales hazte enfermera". Esta frase surgió cuando la segunda amiga, en cuestión, le contaba al padre de la primera como se sentía con su pareja de entonces, el cual la maltrataba psicológicamente a diario.
Detrás de este fuerte comentario, sólo hay un zumo que extraer: ¿qué estás haciendo exactamente, y por qué lo soportas?.

Pero seguimos en ello, lo echamos a un lado de la cuneta, pasamos la bola a otros, dejamos injusticias sin resolución porque nadie somos quien para juzgar a nadie.

Pero igual si somos quien para reflexionar, para no depender del castigo de los padres, deidades o invenciones para portarnos de determinada manera con el resto de integrantes del suelo que pisamos. Porque si bien no vamos a conseguir que nuestra actitud sea "lluvia a gusto de todos", por lo menos evitemos defecar sobre la nieve y dársela a mirar a los demás.

Y uno se levanta cada mañana, como si nada hubiera pasado.

18:14. (4 de plus)